El 12 de Junio se cumplieron 34 años del asesinato despiadado y a sangre fría –como es habitual- de Jorge Bigliardi a manos del terrorista montonero “soldado Emilio” en la puerta del Edificio donde vivía, ubicado en la Ciudad de La Plata.
Escuetamente, los hechos se sucedieron tal como transcribimos. Bigliardi regresa y estaciona su auto en la esquina de su departamento. Allí mismo está el actual diplomático en España, “soldado Emilio” empuñando su 357 Mágnum escondido bajo la ropa. Bigliardi desciende del auto y camina hacia ellos visto y considerando la relación amistosa que los unía hasta entonces, según había creído Jorge Bigliardi; los vuelve a saludar y alcanza a gritar "Canallas" cuando comprende lo que significa el arma en la mano del “soldado Emilio” apuntando hacia él y antes de recibir el disparo mortal en el cuello. Mientras Bigliardi moría sobre el pavimento, a los 47 años, dejando a su mujer sin esposo y dos hijos menores de 8 años, el diplomático en cuestión se fue tranquilamente a jugar al rugby al San Luis.
Esta es la historia o en realidad, un escueto resumen, que se pretende negar en una sociedad inmadura que sólo reconoce víctimas de un solo lado y que hace apología, permanentemente, del terrorismo subversivo que asoló al país a partir de la década del ‘60.
¡ Valga nuestro recuerdo para él y todos los asesinados por el terrorismo nacional !
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sábado, 19 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
7 de Junio, Día del Periodista
En el Día del Periodista transcribimos un párrafo del discurso pronunciado por Ezequiel M. Paz, Director de La Prensa de Buenos Aires, en el 56º aniversario de la fundación de este periódico, el 18 de octubre de 1925.
Bajo el título de “Etica del Periodismo” El Sr. Paz señala lo siguiente:
Informar con exactitud y verdad.
No omitir nada de lo que el público tenga derecho a conocer.
Usar siempre la forma impersonal y culta sin perjuicio de la severidad y de la fuerza del pensamiento crítico.
Desechar los rumores, los “se dice”o “se asegura” para afirmar únicamente aquello de que se tenga convicción afianzada por pruebas o documentos.
Considerar que es preferible la carencia de una noticia a su publicación errónea o injustificada.
Cuidar de que en las informaciones no se deslice la intención personal del que la redacta, porque ello equivaldría a comentar, y el reportero o cronista no debe invadir lo reservado a otras secciones del diario.
Recordar antes de escribir cuán poderoso es el instrumento de difusión de que se dispone, y que el daño causado al funcionario o al particular por la falsa imputación no se repara nunca totalmente con la aclaración o rectificación caballerescamente concedida.
Guardar altura y serenidad en la polémica y no afirmar nada que hayamos de tener que borrar al día siguiente
Inscribir en letras de oro en lugar preferente, y bien a la vista, sobre la mesa de trabajo, las palabras de Walter Williams, insigne hombre de prensa norteamericano:
“Nadie debe escribir como periodista lo que no pueda decir como caballero”
Nota: La síntesis que acabamos de transcribir fue adoptada como código por los delegados al Primer Congreso Panamericano de Periodistas (Washington, 7 al 13 de Abril de 1926) y como credo por la Sociedad Interamericana de Prensa en su Sexta Asamblea General (1950). Su resonancia de postulado continúa llamando al deber periodístico con elocuente y noble insistencia.
Bajo el título de “Etica del Periodismo” El Sr. Paz señala lo siguiente:
Informar con exactitud y verdad.
No omitir nada de lo que el público tenga derecho a conocer.
Usar siempre la forma impersonal y culta sin perjuicio de la severidad y de la fuerza del pensamiento crítico.
Desechar los rumores, los “se dice”o “se asegura” para afirmar únicamente aquello de que se tenga convicción afianzada por pruebas o documentos.
Considerar que es preferible la carencia de una noticia a su publicación errónea o injustificada.
Cuidar de que en las informaciones no se deslice la intención personal del que la redacta, porque ello equivaldría a comentar, y el reportero o cronista no debe invadir lo reservado a otras secciones del diario.
Recordar antes de escribir cuán poderoso es el instrumento de difusión de que se dispone, y que el daño causado al funcionario o al particular por la falsa imputación no se repara nunca totalmente con la aclaración o rectificación caballerescamente concedida.
Guardar altura y serenidad en la polémica y no afirmar nada que hayamos de tener que borrar al día siguiente
Inscribir en letras de oro en lugar preferente, y bien a la vista, sobre la mesa de trabajo, las palabras de Walter Williams, insigne hombre de prensa norteamericano:
“Nadie debe escribir como periodista lo que no pueda decir como caballero”
Nota: La síntesis que acabamos de transcribir fue adoptada como código por los delegados al Primer Congreso Panamericano de Periodistas (Washington, 7 al 13 de Abril de 1926) y como credo por la Sociedad Interamericana de Prensa en su Sexta Asamblea General (1950). Su resonancia de postulado continúa llamando al deber periodístico con elocuente y noble insistencia.
martes, 26 de enero de 2010
Nuestro homenaje a Victoria Ocampo
Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo Aguirre, nacida el 7 de abril de 1890, perteneció a una familia aristocrática cuya historia se confunde con la historia de la propia República Argentina. Hija de Manuel Ocampo y Ocampo- ingeniero y constructor de caminos y puentes - y de Ramona Aguirre Herrera, fue la primogénita de seis hermanas: Angélica, Francisca ("Pancha"), Rosa, Clara (que falleció a la edad de once años) y Silvina (esposa de Adolfo Bioy Casares).
Los Ocampo y los Aguirre, son dos de las grandes familias aristocráticas de la Argentina. Los Ocampo tenían grandes extensiones de campo en Córdoba y Pergamino. Justamente, a pocos kilómetros de Pergamino se encuentra el pueblo Manuel Ocampo, que fue el casco de la principal estancia de los Ocampo. La ciudad de Villa Maria, Córdoba, fue fundada en terrenos de la Familia. Victoria tuvo entre sus ancestros a una hija de Domingo Martínez de Irala y una mujer guaraní llamada Águeda:
Descubrí, pues, que por vía materna desciendo de Irala, compañero de Mendoza, y de una india guaraní, Águeda. Este español y esta americana tuvieron una hija, que su padre reconoció. Dados mis 'prejuicios' feministas simpatizo más con Águeda que con quien podía tratar de igual a igual al primer fundador de Buenos Aires -señaló en alguna oportunidad-
Victoria fue educada por institutrices todo el año. Siendo, el primer idioma que supo leer y escribir el francés como era costumbre en la alta sociedad argentina en aquella época. A eso le seguía aprender inglés y por último español, lo que a Victoria le provocaría un disgusto, al no poder ser su idioma el primero en aprender.
A los seis años Victoria realiza su primer y prolongado viaje europeo. Es en este viaje, donde Victoria descubre París, una ciudad a la que dedicará por siempre un gran amor y que visitaría varias veces.
Victoria Ocampo se casó con Bernardo de Estrada, de quien se divorció al poco tiempo. Es en Roma donde conoce al gran amor de su vida, Julián Martínez, primo de su esposo.
De sus estadías en Francia trajo el gusto por la literatura europea, que reflejó generosamente en la revista Sur y con invitaciones personales a escritores europeos a hospedarse en su propia casa.
Victoria tenía su propio estilo. Mezclaba lo antiguo con lo moderno, vanguardista como fue ella en toda su vida. Fundó una revista literaria llamada Sur, que se convirtió en un nexo entre las literaturas latinoamericana y europea y ella trajo innovaciones consideradas modernas en su época.
Justamente, fue pionera de la arquitectura moderna en Argentina, ya que diseñó la primera casa cúbica, lisa y blanca de Mar del Plata. Poco después Alejandro Bustillo construyó su residencia racionista en Palermo Chico en 1929, concepto que utilizara al trasladarse en 1941, al heredar la casa de verano de sus padres, Villa Ocampo.
Embajadora virtual e intelectual de la Argentina, por su residencia Villa Ocampo, pasaron los intelectuales y artistas más importantes que visitaron Argentina, desde Rabindranath Tagore a Igor Stravinsky que le dedicó su ópera-ballet Persephóne y que Ocampo recitó en el Teatro Colón y en Río de Janeiro (1934).
En la Europa de postguerra, asistió a los preparativos de la creación de la Unesco en París y fue la única argentina presente en el Juicio de Nuremberg y mantuvo encuentros con figuras relevantes de la política y la cultura como Graham Greene, la reina Isabel de Inglaterra, T. S. Elliot, Churchill y De Gaulle.
Su origen social y reconocida oposición al gobierno de Juan Perón, que se extendió desde 1946 a 1955, la identificaron con un sistema cultural conservador y elitista, aunque sus relaciones personales y su revista incluían nombres de todas las vertientes incluso algunos escritores comunistas.
En 1953, fue encarcelada durante 28 días por su oposición a Perón en la cárcel del Buen Pastor de San Telmo.
En 1960, manifestó su disgusto por la visita del secretario de redacción de Sur, José Bianco, a la Cuba castrista, y Bianco renunció a su cargo.
Fue la primera mujer miembro de la Academia Argentina de las Letras, fundó uno de los más antiguos movimientos feministas de la Argentina, la Unión de Mujeres en 1936, directora del Fondo Nacional de Las Artes de Argentina, miembro del P.E.N. Club Internacional y doctora honoris causa de la Universidad Harvard.
La dura crítica de los escritores peronistas, y de algunos intelectuales de izquierda a su figura comenzó a atemperarse luego de su muerte.
Es reconocida como una de las más importantes animadoras culturales en la Argentina del siglo XX.
Falleció a los 88 años, un 27 de enero de 1979, en su casa de San Isidro, Villa Ocampo, producto de un cáncer de paladar que la afectaba hacía varios años.
Los Ocampo y los Aguirre, son dos de las grandes familias aristocráticas de la Argentina. Los Ocampo tenían grandes extensiones de campo en Córdoba y Pergamino. Justamente, a pocos kilómetros de Pergamino se encuentra el pueblo Manuel Ocampo, que fue el casco de la principal estancia de los Ocampo. La ciudad de Villa Maria, Córdoba, fue fundada en terrenos de la Familia. Victoria tuvo entre sus ancestros a una hija de Domingo Martínez de Irala y una mujer guaraní llamada Águeda:
Descubrí, pues, que por vía materna desciendo de Irala, compañero de Mendoza, y de una india guaraní, Águeda. Este español y esta americana tuvieron una hija, que su padre reconoció. Dados mis 'prejuicios' feministas simpatizo más con Águeda que con quien podía tratar de igual a igual al primer fundador de Buenos Aires -señaló en alguna oportunidad-
Victoria fue educada por institutrices todo el año. Siendo, el primer idioma que supo leer y escribir el francés como era costumbre en la alta sociedad argentina en aquella época. A eso le seguía aprender inglés y por último español, lo que a Victoria le provocaría un disgusto, al no poder ser su idioma el primero en aprender.
A los seis años Victoria realiza su primer y prolongado viaje europeo. Es en este viaje, donde Victoria descubre París, una ciudad a la que dedicará por siempre un gran amor y que visitaría varias veces.
Victoria Ocampo se casó con Bernardo de Estrada, de quien se divorció al poco tiempo. Es en Roma donde conoce al gran amor de su vida, Julián Martínez, primo de su esposo.
De sus estadías en Francia trajo el gusto por la literatura europea, que reflejó generosamente en la revista Sur y con invitaciones personales a escritores europeos a hospedarse en su propia casa.
Victoria tenía su propio estilo. Mezclaba lo antiguo con lo moderno, vanguardista como fue ella en toda su vida. Fundó una revista literaria llamada Sur, que se convirtió en un nexo entre las literaturas latinoamericana y europea y ella trajo innovaciones consideradas modernas en su época.
Justamente, fue pionera de la arquitectura moderna en Argentina, ya que diseñó la primera casa cúbica, lisa y blanca de Mar del Plata. Poco después Alejandro Bustillo construyó su residencia racionista en Palermo Chico en 1929, concepto que utilizara al trasladarse en 1941, al heredar la casa de verano de sus padres, Villa Ocampo.
Embajadora virtual e intelectual de la Argentina, por su residencia Villa Ocampo, pasaron los intelectuales y artistas más importantes que visitaron Argentina, desde Rabindranath Tagore a Igor Stravinsky que le dedicó su ópera-ballet Persephóne y que Ocampo recitó en el Teatro Colón y en Río de Janeiro (1934).
En la Europa de postguerra, asistió a los preparativos de la creación de la Unesco en París y fue la única argentina presente en el Juicio de Nuremberg y mantuvo encuentros con figuras relevantes de la política y la cultura como Graham Greene, la reina Isabel de Inglaterra, T. S. Elliot, Churchill y De Gaulle.
Su origen social y reconocida oposición al gobierno de Juan Perón, que se extendió desde 1946 a 1955, la identificaron con un sistema cultural conservador y elitista, aunque sus relaciones personales y su revista incluían nombres de todas las vertientes incluso algunos escritores comunistas.
En 1953, fue encarcelada durante 28 días por su oposición a Perón en la cárcel del Buen Pastor de San Telmo.
En 1960, manifestó su disgusto por la visita del secretario de redacción de Sur, José Bianco, a la Cuba castrista, y Bianco renunció a su cargo.
Fue la primera mujer miembro de la Academia Argentina de las Letras, fundó uno de los más antiguos movimientos feministas de la Argentina, la Unión de Mujeres en 1936, directora del Fondo Nacional de Las Artes de Argentina, miembro del P.E.N. Club Internacional y doctora honoris causa de la Universidad Harvard.
La dura crítica de los escritores peronistas, y de algunos intelectuales de izquierda a su figura comenzó a atemperarse luego de su muerte.
Es reconocida como una de las más importantes animadoras culturales en la Argentina del siglo XX.
Falleció a los 88 años, un 27 de enero de 1979, en su casa de San Isidro, Villa Ocampo, producto de un cáncer de paladar que la afectaba hacía varios años.
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