miércoles, 10 de febrero de 2010

El kirchnerismo stalinista

Una de las definiciones más sorprendentes de este tórrido estío del Bicentenario, es la que brindó Diana Conti, diputada nacional y miembro del Consejo de la Magistratura, al reconocerse públicamente como “stalinista”. Estupor es lo que despierta esta calificación, puesto que Josef Stalin es reconocido como uno de los grandes genocidas del siglo XX, a la par y contemporáneo de Adolf Hitler.
Stalin continuó y afianzó los rasgos totalitarios que se iniciaron durante la revolución bolchevique de noviembre de 1917, la que cercenó la posibilidad de que surgiera una república democrática en Rusia tras la abdicación del Zar Nicolás II en febrero de ese año. Ya con el liderazgo de Vladimir Ilich Lenin se fueron dibujando los principales rasgos de lo que habría de ser la Unión Soviética, en la que se fueron acallando a punta de bayoneta todas las formas de expresión de la sociedad civil y del pluralismo político, comenzando la militarización y la centralización de la economía bajo la tutela implacable del estado. Se acentuaron las tendencias autoritarias ya existentes durante el zarismo, un régimen que pretendió amalgamar el absolutismo político con la modernización económica en su etapa final.
A la muerte de Lenin, se inició una cruenta lucha por el poder dentro del partido único, que costó las vidas de los rivales de Stalin, quedando este como líder absoluto e intérprete inapelable de la doctrina marxista-leninista. Durante su dominio sin límites, los organismos de seguridad interna rivalizaron con el ejército y el partido, cada uno buscando los favores del omnímodo secretario general.
Bajo su puño de hierro, se estima que murieron unas veinte millones de personas, víctimas de sus políticas de reforma agraria, industrialización, purgas de supuestos “enemigos de clase” y “complots” contra la construcción del socialismo en la URSS. Ese número estremecedor de muertes fueron en gran medida causadas por las hambrunas y la persecución contra los “kulaks”, pequeños propietarios campesinos que se resistieron a la colectivización de sus granjas y animales.
La “ deskulakización” y la creación de las granjas colectivas (koljoz) fue el primer paso para concentrar la principal fuente de riquezas de Rusia para dar el salto a la industrialización pesada. A esto, le siguieron las deportaciones masivas de minorías nacionales, como los tártaros de Crimea que fueron desplazados al Asia central. Pero como los resultados de los planes quinquenales distaban mucho de acercarse a las cifras de producción establecidas arbitrariamente por Stalin, siempre se buscaron a los “enemigos de clase” responsables de “sabotajes”, por lo que se perfeccionó el sistema de campos de concentración que se había establecido ya en tiempos de Lenin, conocido como el GULAG.
En las purgas de los tiempos de Stalin se montaban grandes juicios espectaculares sin las más mínimas garantías procesales, que terminaban en fusilamientos o con trabajos forzados en la lejana Siberia. A tal punto se redujo la población de la URSS, que se destruyeron los resultados del censo general realizado en 1937 para no divulgar la cantidad de muertos…
La sombra de Stalin se proyectó hacia Europa: por su acuerdo de no agresión con el régimen de Hitler, el pacto Ribbentropp-Molotov de agosto de 1939, ambos regímenes totalitarios se repartieron varios países de Europa oriental, a saber: Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y la región de Besarabia, que fueron invadidos en breve tiempo. Con la invasión alemana de 1941, la URSS pasó al campo de los países aliados contra el Eje, por lo que tras la guerra pasó a dominar varios países de Europa oriental, implantando el régimen del “socialismo real” que estuvo vigente hasta 1989.
En 1953 murió en circunstancias extrañas y quizás se lo dejó morir por parte de los miembros de su círculo más cercano, cuando estaba a punto de comenzar una nueva purga de carácter antijudío. El legado de Stalin fue criticado incluso por los propios miembros del PC soviético, un proceso que tuvo como puntapié inicial al célebre informe presentado por Jrushchov en el XX congreso en 1956, en el que expuso los crímenes realizados contra miembros del partido comunista. Las víctimas fuera del partido no interesaban…
La memoria no puede desfallecer ante estos genocidios. Es una historia de horror, opresión y tortura. Stalin fue uno de los grandes genocidas y enemigos de la sociedad libre de la era contemporánea, y así es como debe ser recordado, para que su modelo criminal no se repita.

(*) Doctor en Historia y Director del Consejo Académico de CADAL

martes, 26 de enero de 2010

Nuestro homenaje a Victoria Ocampo

Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo Aguirre, nacida el 7 de abril de 1890, perteneció a una familia aristocrática cuya historia se confunde con la historia de la propia República Argentina. Hija de Manuel Ocampo y Ocampo- ingeniero y constructor de caminos y puentes - y de Ramona Aguirre Herrera, fue la primogénita de seis hermanas: Angélica, Francisca ("Pancha"), Rosa, Clara (que falleció a la edad de once años) y Silvina (esposa de Adolfo Bioy Casares).
Los Ocampo y los Aguirre, son dos de las grandes familias aristocráticas de la Argentina. Los Ocampo tenían grandes extensiones de campo en Córdoba y Pergamino. Justamente, a pocos kilómetros de Pergamino se encuentra el pueblo Manuel Ocampo, que fue el casco de la principal estancia de los Ocampo. La ciudad de Villa Maria, Córdoba, fue fundada en terrenos de la Familia. Victoria tuvo entre sus ancestros a una hija de Domingo Martínez de Irala y una mujer guaraní llamada Águeda:
Descubrí, pues, que por vía materna desciendo de Irala, compañero de Mendoza, y de una india guaraní, Águeda. Este español y esta americana tuvieron una hija, que su padre reconoció. Dados mis 'prejuicios' feministas simpatizo más con Águeda que con quien podía tratar de igual a igual al primer fundador de Buenos Aires -señaló en alguna oportunidad-
Victoria fue educada por institutrices todo el año. Siendo, el primer idioma que supo leer y escribir el francés como era costumbre en la alta sociedad argentina en aquella época. A eso le seguía aprender inglés y por último español, lo que a Victoria le provocaría un disgusto, al no poder ser su idioma el primero en aprender.
A los seis años Victoria realiza su primer y prolongado viaje europeo. Es en este viaje, donde Victoria descubre París, una ciudad a la que dedicará por siempre un gran amor y que visitaría varias veces.
Victoria Ocampo se casó con Bernardo de Estrada, de quien se divorció al poco tiempo. Es en Roma donde conoce al gran amor de su vida, Julián Martínez, primo de su esposo.
De sus estadías en Francia trajo el gusto por la literatura europea, que reflejó generosamente en la revista Sur y con invitaciones personales a escritores europeos a hospedarse en su propia casa.
Victoria tenía su propio estilo. Mezclaba lo antiguo con lo moderno, vanguardista como fue ella en toda su vida. Fundó una revista literaria llamada Sur, que se convirtió en un nexo entre las literaturas latinoamericana y europea y ella trajo innovaciones consideradas modernas en su época.
Justamente, fue pionera de la arquitectura moderna en Argentina, ya que diseñó la primera casa cúbica, lisa y blanca de Mar del Plata. Poco después Alejandro Bustillo construyó su residencia racionista en Palermo Chico en 1929, concepto que utilizara al trasladarse en 1941, al heredar la casa de verano de sus padres, Villa Ocampo.
Embajadora virtual e intelectual de la Argentina, por su residencia Villa Ocampo, pasaron los intelectuales y artistas más importantes que visitaron Argentina, desde Rabindranath Tagore a Igor Stravinsky que le dedicó su ópera-ballet Persephóne y que Ocampo recitó en el Teatro Colón y en Río de Janeiro (1934).
En la Europa de postguerra, asistió a los preparativos de la creación de la Unesco en París y  fue la única argentina presente en el Juicio de Nuremberg y mantuvo encuentros con figuras relevantes de la política y la cultura como Graham Greene, la reina Isabel de Inglaterra, T. S. Elliot, Churchill y De Gaulle.
Su origen social y reconocida oposición al gobierno de Juan Perón, que se extendió desde 1946 a 1955, la identificaron con un sistema cultural conservador y elitista, aunque sus relaciones personales y su revista incluían nombres de todas las vertientes incluso algunos escritores comunistas.
En 1953, fue encarcelada durante 28 días por su oposición a Perón en la cárcel del Buen Pastor de San Telmo.
En 1960, manifestó su disgusto por la visita del secretario de redacción de Sur, José Bianco, a la Cuba castrista, y Bianco renunció a su cargo.
Fue la primera mujer miembro de la Academia Argentina de las Letras, fundó uno de los más antiguos movimientos feministas de la Argentina, la Unión de Mujeres en 1936, directora del Fondo Nacional de Las Artes de Argentina, miembro del P.E.N. Club Internacional y doctora honoris causa de la Universidad Harvard.
La dura crítica de los escritores peronistas, y de algunos intelectuales de izquierda a su figura comenzó a atemperarse luego de su muerte.
Es reconocida como una de las más importantes animadoras culturales en la Argentina del siglo XX.
Falleció a los 88 años, un 27 de enero de 1979, en su casa de San Isidro, Villa Ocampo, producto de un cáncer de paladar que la afectaba hacía varios años.